Pilar Gil Escuder

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08/08/2011 El domingo por la tarde, mientras como helado de avellana, oigo hablar a Carpenter, a John Howard Carpenter, a ese mismo. Me quedo embobada oyéndolo en un extenso reportaje que le hace un canal biográfico, no tanto por como cuenta lo que cuenta, se nota que está incómodo delante de la cámara, sino por el relato en si,  las anécdotas de los rodajes, sus impresiones sobre detalles tontos como las preferencias culinarias de Kurt Russell o “lo que nunca dirá sobre el rodaje de Vampiros”.

La voz en off le hace la pregunta idiota, la más. Ya he dicho que un autor no puede elegir entre su obra, de hecho sostengo que nadie, ningún ser humano debería tener que elegir nada: podemos tenerlo todo o perderlo todo, si quieres podemos perderlo todo, corramos el riesgo de ganar o quedarnos en blanco, pero nadie tiene derecho a hacernos elegir. Lo queremos todo. La pregunta es idiota a más no poder, pero siempre hay alguien que la hace. Carpenter resopla, y responde que no puede decidir cuál de todas sus películas le gusta, por encima de las otras. La voz en off insiste y la cámara lo cierra en un plano frontal, un PPP (primer, primer plano). Entonces algo le viene a la memoria, algo que no dice, pero le hace brillar las pupilas y de golpe suelta: La Cosa, me gusta mucho.

A mi también, justo en ese momento el DVD de The Thing estaba en el reproductor de mi dormitorio. Ahí sigue. Los sábados por la noche me gusta verla. A veces la dejo un par de noches. O pongo “La Niebla”. En casa lo tenemos todo de Carpenter. Cuando Sturm y yo nos conocimos pusimos cosas en común: él piensa que “Golpe en la pequeña China” es la mejor película de historia de la humanidad y yo que Carpenter es uno de los miembros de la trinidad cinematográfica de terror.

Os recomiendo encarecidamente lo que sea de John Carpenter. Y el helado de avellanas, que está increiblemente bueno. Buenas noches desde San Antonio Bay…


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